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En muchas de las relaciones que establecemos en
nuestra vida cotidiana nos movemos, inconscientemente, desde la pretensión de
control. Pretendemos controlar lo que la otra persona debería hacer (o dejar de
hacer), lo que dice o debería haber dicho, sus emociones, lo que piensa o siente
con respecto a nosotros... Establecemos este tipo de relaciones tanto en el
ámbito familiar y social, como en el empresarial.
¿Qué nos mueve cuando pretendemos controlar al otro? Muchas veces una emoción de
desconfianza y miedo. Otras veces la falta de aceptación del otro: cuando lo que
hace esa persona no cumple con nuestras expectativas, no lo aceptamos como "un
hacer" válido. Por último, también, un autoritarismo en el cual nos creemos
"dueños de la verdad".
"Al no establecerse la
confianza recíproca en la convivencia, no se despliega la sensación de
seguridad entre los agentes en la conversación, razón por la cual se mueve
en el que quiere lograr algo la emoción del control y del dominio que niegan
al otro y socavan el respeto por sí mismo y por el otro. Estas emociones,
creencias y acciones impiden la dinámica de la coexistencia en la mutua
aceptación." Humberto Maturana
¿Cuáles son las consecuencias de esta pretensión
de control? Sufrimiento e ineficiencia: resentimiento, tensión, culpa,
desilusión, castigos, resignación, estrés... más desconfianza, más miedo y un
enorme desperdicio de tiempo y energía.
Pretender controlar la existencia del otro es, en última instancia, focalizarnos
en un lugar donde no tenemos verdadero poder. En cambio, sí tenemos poder en
nosotros mismos.
Podemos controlar nuestras actitudes y nuestras decisiones. Podemos controlar lo
que decimos y lo que callamos. Podemos pedir, ofrecer, prometer. Muchas veces no
podemos elegir las circunstancias, pero siempre podemos elegir nuestra respuesta
ante tales circunstancias. Podemos elegir nuestros pensamientos, nuestros
valores, nuestras opiniones. Podemos intervenir en nuestras emociones. Podemos
aprender, cambiar, mejorar.
Si estamos focalizados en controlar al otro, finalmente, lo que pretendemos
controlar, nos controla a nosotros. Al focalizarnos en nosotros mismos, ganamos
poder, libertad, eficiencia, bienestar... y la posibilidad de construirnos un
mejor futuro.
Pablo Buol
El paradigma que prevalece hoy es comando y
control. Es netamente autoritario y quita empowerment a los niveles más bajos.
Eso evidentemente no atrae a los trabajadores de la era del conocimiento. La
economía mundial amplió tanto el límite de la competitividad que impulsará un
paradigma de empowerment y alta confianza, para tener la innovación,
creatividad, calidad y flexibilidad que se necesita para competir. No se puede
falsificar una cultura de alta confianza, viene de la confiabilidad de la gente
y de las organizaciones.
S. Covey
En nuestro viejo sistema de gestión podíamos valernos de la autoridad. Si uno
tenía la habilidad para trepar la escalera, obtener poder y controlarlo, podía
imponer estos cambios. Pero la compañía del futuro necesitará seguidores
voluntarios. La mayoría de nuestros líderes no quieren simpatizantes
voluntarios, sino obtener el control…
Las creencias profundas a menudo están en conflicto con los valores proclamados.
La organización puede proclamar su deseo de “delegar poder” en la gente, pero
prevalece una actitud de control. Así, aunque cambien los valores que se
proclaman, la cultura de la organización tiende a permanecer igual. La creencia
de que podemos modificar nuestra cultura con sólo proclamar nuevos valores
atestigua nuestra ingenuidad en ese sentido. Esas declaraciones habitualmente
sólo generan cinismo.
Peter Senge
Creemos necesario destacar dos rasgos del
mecanismo “mando y control”.
El primero de ellos apunta al hecho de que se trata de un tipo de regulación que
opera estableciendo un “techo” al rendimiento del trabajador.
Lo máximo que éste puede hacer es cumplir estrictamente con lo que se le
atribuye. Nada lo incentiva, por ejemplo, a superar el rendimiento solicitado en
la orden que recibe.
El segundo rasgo del mecanismo del “mando y control” es el hecho de que para que
éste funcione, requiere sustentarse en la “emocionalidad del miedo”.
El miedo a las consecuencias que resultan de no cumplir.
De la misma manera que la solución al problema de la productividad conlleva el
"mando y control” como mecanismo de regulación del trabajo, éste hace del
capataz la figura principal de autoridad en la empresa tradicional. Ello implica
impartir las órdenes e instrucciones, supervisar su cumplimiento y sancionar el
incumplimiento. No puede haber “mando y control” sin que haya alguien que
efectivamente mande y controle. Esa persona es el capataz.
El sistema requiere no sólo de capataces, sino de capataces de capataces, de
capataces de capataces de capataces, y así sucesivamente.
En un cierto punto, por un problema de diferenciación y estatus, a esos
capataces se les comenzó a llamar gerentes o managers.
El problema fundamental es el siguiente: el “mando y control” permitía que el
obrero hiciera lo que el capataz le indicaba a partir del trabajo de diseño
realizado por el ingeniero. Pero cuando se trata del trabajador no manual muchas
veces nos encontramos con el hecho de que nadie en la empresa – e incluso menos
su jefe – sabe mejor que él lo que podría hacer en el ámbito de su trabajo y
cómo debería hacerlo. Mal puede entonces dejarse en manos del jefe que le ordene
lo que tiene que hacer y que luego controle que lo cumpla. De hacerse eso,
simplemente no se logran aprovechar los rendimientos potenciales de estos
trabajadores.
Rafael Echeverría
Muchas de las organizaciones en donde yo trabajo
los problemas de desconfianza son altísimos. Y se ve tan claro porque las crisis
de confianza implican inversión en control, un gran esfuerzo de la economía, una
parte de los gastos de la organización van a sistemas de control. Cuando una
organización levanta sus niveles de confianza, los gastos de control van
desapareciendo tiene impacto directo en la parte financiera pero tiene que ver
con muchas otras cosas. Es muy difícil ser creativo en la desconfianza, es muy
difícil producir un buen servicio al cliente desde la desconfianza. El desgaste
emocional de la desconfianza es tremendo.
Julio Olalla
Tener - Retener
Las realidades más grandes
y más bellas,
tanto más las tendrás
cuanto menos las poseas y retengas.
Si quieres tener el mar,
contémplalo,
y abre tus manos en sus aguas
y todo el mar estará en ellas...;
porque si cierras tus manos
para retenerlo,
se quedarán vacías.
Si quieres tener un amigo peregrino,
déjalo marchar y lo tendrás...;
porque si lo retienes para poseerlo,
lo estarás perdiendo,
y tendrás un prisionero.
Si quieres tener el viento,
extiende tus brazos y abre tus manos
y todo el viento será tuyo...;
porque si quieres retenerlo
te quedarás sin nada.
Si quieres tener a tu hijo,
déjalo crecer,
déjalo partir, y que se aleje,
y lo tendrás maduro a su regreso...;
porque si lo retienes poseído
lo pierdes para siempre.
Si quieres tener el sol
y gozar de su luz maravillosa
abre los ojos y contempla...;
porque si los cierras
para retener la luz que ya alcanzaste,
te quedarás a oscuras.
Si quieres vivir el gozo de tener
libérate de la manía de poseer y retener.
Goza de la mariposa que revolotea,
goza del río que corre huidizo,
goza de la flor que se abre cara al cielo...;
goza teniendo todo
sin poseerlo retenerlo.
¡Sólo así gozarás de la vida,
sabiendo que la tienes sin poseerla,
dejándola correr sin retenerla!
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