"Por la ignorancia nos
equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos." Proverbio Romano.
Según el diccionario, error es la “acción
desacertada o equivocada”. Claro... el diccionario no aclara desacertada o
equivocada con respecto a qué... o a quién. Podríamos, entonces, redefinir el
error como "la acción que produce un resultado no deseado por alguien". Este
"alguien" puedo ser yo mismo, o, en el ámbito organizacional, podría ser el
gerente, un cliente, etc.
¿Qué hacemos cuando alguien se equivoca? Muchas veces castigamos (o nos
auto-castigamos, si ese "alguien" somos nosotros mismos). Me pregunto ¿es el
castigo una manera efectiva de tratar un error? ¿Qué es lo que produce el
castigo? Generalmente miedo, resentimiento, vergüenza, tensión, culpa, baja
autoestima... ¿Mejora esto nuestra capacidad para accionar en forma más efectiva
en otra oportunidad? Realmente no lo creo.
"Recuerda que en la vida no
hay fracasos, sólo resultados. Piensa una cosa: “¡El éxito es el resultado
de las decisiones acertadas, las decisiones acertadas son el resultado de la
experiencia y la experiencia suele ser el resultado de las decisiones
equivocadas!”. ¿Qué puedes aprender de los errores pasados que te sea útil
para mejorar tu vida actual?." A. Robbins
Además de solucionar un problema ¿Qué otras
cuestiones son importantes cuando tomamos una decisión?
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Mostrar/Reconocer el error: Para que
nuevas acciones sean posibles es imprescindible poder reconocer el error
como tal, lo cual muchas veces no nos es fácil, fundamentalmente por esta
cultura del castigo/miedo en la que nos movemos.
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Buscar la Reparación: ¿Qué daños
produjo esta equivocación? ¿Hay alguna manera de reparar el daño producido?
Si no es así, ¿puedo perdonar, o perdonarme, u ofrecer mis disculpas al
afectado?
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Aprender: Tomar el error como un
espacio de aprendizaje es lo que marca la diferencia entre el fracaso y el
éxito. Es lo que permite, en un futuro, lograr un mejor resultado.
"Cuando se comprende que la
condición humana es la imperfección del entendimiento, ya no resulta
vergonzoso equivocarse, sino persistir en los errores." George Soros
Gracias a mis errores de ayer, pude ir creciendo.
Gracias a mis errores de hoy, mañana seré una mejor persona.
Pablo Buol
El bambú japonés
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena
semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la
tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus
fuerzas: "¡Crece, maldita seas!"
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no
apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla
constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada
con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador
inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas la
planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer?
No. La verdad es que se tomo siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba
generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el
crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana muchas personas tratan de encontrar soluciones
rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente
resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en
corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar
la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que
luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente
a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser
extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú
japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no
"ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro:
estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los
hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se
materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso
que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Es imposible imaginar a un equipo de baloncesto
aprendiendo sin entrenamiento, o un conjunto de música de cámara aprendiendo sin
ensayar. Pero eso es precisamente lo que esperamos de nuestras organizaciones.
Esperamos que la gente aprenda cuando los costes del fracaso son elevados,
cuando la amenaza personal es grande, cuando las decisiones importantes son
irreversibles y cuando no hay modo de simplificar la complejidad y abreviar las
demoras para comprender mejor las consecuencias de cada acto. ¿Debe
sorprendernos que el aprendizaje sea una rareza en las organizaciones?
Peter Senge
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