REGALO ORIGINAL
Miré las palmas de mis manos y observé las
múltiples líneas que las surcan. Es llamativo como esas líneas se
bifurcan, se empalman, se interrumpen, se ensanchan o se afinan, se
enlazan o se ligan. Luego, mirando con más atención descubrí mis
huellas digitales y su finísimo y sinuoso dibujo. Se me ocurrió la
pregunta más ingenua del día, ¿Para qué tenemos huellas digitales?
No me parecía que mi vida se modificara o alterara por el simple hecho
de tener o no esas huellas digitales casi invisibles. Recordé que
también tenemos huellas plantares, huellas en la retina, huellas
genéticas, todas únicas, originales e irrepetibles. Recordé un
inquietante trabajo de investigación, desarrollado gracias a las
posibilidades de la computación, que demostraba que jamás hubo huellas
como las que yo tengo y que eran remotísimas las posibilidades de que
alguna vez en el futuro pudieran repetirse. Esta intrigante situación
me llevó a imaginar una extraordinaria respuesta a la pregunta sobre la
razón de esta característica que nos hace únicos y originales en este
mundo.
La respuesta parece tan simple y obvia que me
estremece el sólo hecho de tomarla en consideración. Estas huellas
tienen que ser un mensaje. Como una etiqueta de fábrica, como las
especificaciones para el correcto uso de nuestro cuerpo y nuestro
tiempo. Un mensaje tan claro, evidente, e indeleblemente inscripto en
nuestro cuerpo que me da escalofríos siquiera imaginarlo: somos seres
únicos e incomparables. Nunca hubo nadie como yo, ni jamás lo habrá.
Esas huellas en mis manos manifiestan una posibilidad y un mandato que
sólo yo puedo hacer realidad. Imagino el mensaje: "Tus manos son
capaces de hacer en este mundo algo que tú únicamente puedes hacer.
Esas huellas en tus pies te indican que hay caminos para abrir en este
mundo que solamente tú puedes caminar. Tus ojos pueden ver algo que
nadie más es capaz de ver".
Inquieto por esta posibilidad, e impulsado por la
curiosidad indagué otras culturas sobre este tema y esto es lo que
encontré:
Somos originales, excepcionales y extraordinarios.
Somos irrepetibles y únicos. Vinimos a este mundo a dejar un regalo
único, singular e inconfundible. Esta es, al mismo tiempo, una
bendición y una tremenda carga. Nuestra misión es aprender y crecer. Para
crecer debemos desarrollar nuestras habilidades, expresar
nuestros talentos y superar nuestros vicios. Si logramos hacerlo
podremos dejar nuestro regalo, un fruto, nuestra alegría, nuestra
sabiduría como un legado a este mundo. Podrá ser un regalo magnífico
o uno pequeño y modesto. Eso no importa porque Dios tiene dispuesto en
este infinito universo un lugar privilegiado para cada regalo. Todos los
regalos son importantes e imprescindibles porque forman parte de un
programa universal. Cada regalo es una pequeña pieza del descomunal
proyecto que se va desplegando día a día, siglo tras siglo, milenio
tras milenio en este confín del universo.
A partir de esta idea, "Tú eres ese regalo único", algo
formidable y terrible se va aclarando. Si no dejamos este regalo antes
de irnos, ese lugar destinado a exhibirlo quedará vacío para toda la
eternidad. Nadie más podrá ocuparlo. Todos pasarán por ese lugar y
sentirán el frío y la oscuridad,
y dirán: "Aquí él tendría que haber depositado su regalo,
pero como no lo hizo, nadie sabrá jamás quién era él realmente, y
nadie más podrá dar calor y luz a este rincón".
Jamás una partitura musical es igual a otra, ninguna pintura es
igual a otra, ningún poema es igual a otro. Ni una brizna de pasto es
igual a otra. Ninguno de los millones de millones de microscópicos
cristales de los millones de copos de nieve son idénticos. Ninguna
caricia es igual a otra.
No es tan difícil encontrar ese regalo único que somos capaces de
dejar en este mundo. Por favor, no se vaya de este mundo sin dejar su
pequeño regalo.
El Aguatero